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Un realista que vive el mundo de los sueños, un soñador que quiere vivir la realidad

Luis García montero.

Siempre he tenido la cabeza llena de pájaros. Desde pequeño me han ilusionado los proyectos imposibles y he mirado con desconfianza a aquellas personas que alguna vez insinuaban que alguno de ellos no se podría realizar.

Con el tiempo, y cierto mal sabor de boca, he tenido que reconocerles en muchas ocasiones que, efectivamente, esta y aquella idea que tuve no salieron adelante. A pesar de todo, siempre me consolaba con alguna frase que hablara de conservar siempre la esperanza y de no dejar de pensar que las cosas van a suceder como uno quiere.

Debo confesar que todavía lo hago. Estas acciones me parecen un buen combustible. Proporcionan energía, ganas de vivir y de hacer cosas y bien utilizadas, nos ayudan a adoptar una actitud adecuada con la que enfocarnos hacia nuestras metas.

Ahora bien, hay que tener cuidado para no convertirlas en un vicio que resulte difícil de dejar. La práctica del optimismo de tarjeta de Navidad anestesia, y autocomplace igual que una droga. Desvía nuestra atención de la realidad y la pone en el mundo de los sueños haciendo que corramos el riesgo de quedarnos con la mirada perdida en una hipotética vida perfecta, mientras la auténtica vida, en la que todo aquello que soñamos podría estar haciéndose realidad en ese mismo momento, se pierda.

Yo, que estuve metido en esos vicios :P ,  tuve la fortuna de descubrir el coaching. A pesar de que su característica más popular es su capacidad para aumentar la motivación, ante todo se trata de una disciplina articulada entorno a resultados bien definidos cuya consecución puede medirse en el tiempo. Es uin método que ayuda poner los pies en la tierra. Tan sólo recordemos cómo debe ser la correcta formulación de resultados en coaching. El tipo SMART:

Specific–>Específico; Measurable–> Medibles; Agreed–> Concertados; Realistic–> Realistas; Time Phased–> Planeados por etapas.

El propósito de que estén formulados de esta manera es, precisamente, convertir un resultado del tipo “Quiero ser feliz” en un plan de acción en el que quede bien definido qué implica ser feliz para la persona que lo formula, cómo de feliz es ahora y cómo de feliz quiere ser, de qué recursos dispone, cómo va a saber que ha alcanzado la felicidad y qué acciones va a llevar a cabo para lograrlo.

Durante una sesión de coaching, es muy común que llegue un momento en que el cliente tenga la percepción de que todo lo que se proponga va a hacerse realidad, incluso en aquellos casos en los que haya iniciado la sesión con una actitud escéptica o con estado de ánimo bajo. El trabajo del coach es mantener este estado de empoderamiento del cliente al mismo tiempo que pone sobre la mesa algunos controvertidos interrogantes: ¿es realista esto que te propones? ¿cómo vas a hacerlo?.

Si no lo hace, si hace consicnte de la realidad a su cliente, no está haciendo coaching. Insistamos una vez más sobre ello: el coach no concede deseos, el coach no se dedica a dar ánimos a la persona que le ha contratado.  Su labor consiste, más bien en bajar los sueños a tierra y en ayudar a averiguar cómo convertirlos en material de trabajo. Es, por utilizar el verso de Luis García Montero, “un realista que vive el mundo de los sueños, un soñador que quiere vivir la realidad”

 

 

 

 

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