En este post decíamos que solíamos pensar en la negociación como en un proceso bilateral: yo vs tú.

Esta concepción es extensible a otros mucho ámbitos de las relaciones humanas. No sólo cuando tratamos de negociar con un jefe, un socio, un vendedor o un comprador, planteamos nuestra relación con ellos como un binomio. Con la familia, con la pareja, con los amigos, ¿cuántas veces pensamos en nosotros y en los demás como individuos separados? ¿y en los entornos de trabajo, incluso con nuestros propios equipos?

La propuesta es que cambiemos nuestra perspectiva para que las individualidades encuentren un territorio común. Plantear la negociación como una ocasión para resolver un problema ayuda a sentar las bases para colaborar en la búsqueda de soluciones creativas.

Es en esa búsqueda donde las personas pueden encontrarse. Para llegar a otros es necesario recorrer el espacio que existe entre nosotros y ellos. Es allí, en ese puente aparentemente invisible, donde se encuentran todos los elementos que definen nuestra relación, que seamos amigos o enemigos, que podamos llegar a un acuerdo o que podamos trabajar juntos, y que podamos hacerlo de la mejor manera posible.

Dice Daniel Saphiro, experto en los aspectos emocionales que están involucrados en una negociación, que a la hora de iniciar una negociación ponemos mucho interés en lo que queremos nosotros y en lo que quieren los otros. Es importante fijarse en igual medida en la relación que estamos construyendo juntos, desvelar cuál es su naturaleza, desbloquear los conflictos emocionales que los conforman, si los hay, y potenciar los elementos que nos unen.

Las dinámicas de coaching de equipo, en este sentido, me parecen un momento para encontrarse. Para encontrarse de verdad. Porque es un momento en el que esos puentes invisible se muestran. Cuando esto ocurre en un equipo de trabajo, este empieza a pensar como equipo, no como conjunto de individuos.

 

 

 

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