Currently viewing the category: "Desarrollo personal"

There are very few fences that can stop a determined person (or dog, for that matter).

Most of the time, the fence is merely a visual reminder that we’re rewarded for complying.

If you care enough, ignore the fence. It’s mostly in your head.

Seth Godin

Hace unos días, Seth Godin publicaba en su blog estas palabras. Las vallas de las que habla son nuestras creencias limitadoras.

Me acordé de un ejercicio muy parecido al reto de 21 días sin quejarse que propone Will Bowen al que jugué para tomar conciencia de mis creencias limitadoras. Consistía en marcar en un papel cada vez que surgía un pensamiento del estilo “no hay nada que hacer”, ” es imposible”, “los demás podrán, pero mi situación es distinta”, “ya lo he intentado todo”…

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Los objetos que poseemos nos definen. Para un buen observador, alguien que fuera un verdadero interrogador de objetos, sería fácil obtener información esencial sobre nosotros con investigar un poco en los cajones o con mirar con atención las estanterías. Las cosas que conservamos cuentan una historia en la que aparecemos, guardan un pedazo del tiempo que hemos vivido con ellas.

Nuestras inquietudes, nuestras esperanzas, suelen quedar cifradas en las notas garabateadas en un cuaderno, en una cuenta calculada con urgencia en el dorso de un billete de metro o en el separador de un libro. Por eso, en ocasiones, nos resulta tan conmovedor el reencuentro con estos pequeños vestigios ocultos en las profundidades de los cajones cuando acometemos una limpieza general. Volver a estas pequeñas cosas, preguntarles por nosotros, es hacer espeleología íntima.

Personalmente, suelo vivir como todo un ejercicio espiritual esta limpieza que cada año nuevo hacemos en casa. En aras de una optimización del espacio familiar (en otras palabras, con el objetivo de que la casa no termine siendo un estercolero) esta limpieza es necesaria, sobre todo cuando se convive con alguien que, como yo, con tendencia a la nostalgia, que tiende a guardarlo todo.

Por una suerte de lealtad al pasado, he llegado a guardar objetos que para cualquier otro serían, seguramente, verdaderas porquerías. Conservo billetes de tren, tickets de cine, envoltorios de caramelos. He guardado incluso cosas que no son mías y que posiblemente sus legítimos dueños ni siquiera recuerdan que perdieron; una nota escrita por mi hermano cuando tenía 6 años, un cuaderno con relatos de un amigo del instituto. A veces, con la esperanza de poder devolverlo alguna vez; otras con el recelo secreto de que alguien lo reclame un día (ahora son parte de mi pasado, de mi propia colección de historias).

Soy consciente, no obstante, de lo necesario que es que los recuerdos se muevan. Si bien es importante respetar nuestro pasado, resulta también fundamental que crezca con nosotros y, cuando sea necesario, que lo dejemos ir, no sea que acabemos como el avaro que acaricia morbosamente sus monedas. Que las cosas hablen de nosotros es bueno; que las cosas nos digan cómo somos puede ser perjudicial, porque nos impide seguir avanzando. Decía Shakespeare a través de su Hamlet que la identidad es una pesada carga de la que hay que deshacerse. Tampoco hay que exagerar, aunque sí coincido en que la identidad no puede ser un obstáculo para hacer las cosas mejor.

La limpieza general de la que hablo supone una ayuda para deshacerse de las cargas que lastran nuestra identidad. Es tan liberadora como difícil, porque implica hacer revisión completa de todo lo que hay en casa y tomar una decisión acerca de qué nos vamos a deshacer y qué vamos a conservar. Para mi es una manera de obligarme a reflexionar acerca de lo que es importante para mí y qué cosas son aquellas que debo dejar marchar.

Es también una manera de negociar con mi pasado, de limpiar sus calles, de ayudarle a que se mueva conmigo.

 

 

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Hoy, es fundamental que estemos preparados para salir de la zona de confort. La supervivencia, según Nordstrom y Ridderstrale, depende de la capacidad que tengamos para innovar e innovar implica trabajar en los límites de nuestra zona de confort constantemente. La zona de confort es un reino de aparente seguridad, sustentado por una realidad que se estremece bajo nuestros pies. Recomiendo al respecto leer a Juan Carlos Cubeiro (Del capitalismo al talentismo). Vivimos en tiempos VUCA: volátiles, inciertos, complejos y ambiguos.

Estar en la zona de confort proporciona cierta tranquilidad ante la incertidumbre, precisamente porque se trata de un entorno en el que gozo de claridad y certeza, lo cual no quiere decir que sea seguro, como hemos dicho, ni mucho menos confortable, ya que gran parte de los resultados que las personas buscan para sus vidas se encuentran fuera de dicha área.

La zona de confort está conformada por todas aquellas creencias que yo tengo acerca de mis capacidades, de mis posibilidades, y de lo que me cabe esperar de los ambientes y de las personas con las que me desenvuelvo. Dentro de esa zona puedo tener una sensación de control sobre una situación porque de alguna manera puedo prever qué consecuencias tendrán determinadas acciones mías. Teniendo en cuenta lo que creo que cabe esperar de mis acciones, si hago A, entonces ocurrirá B. Por ir a un ejemplo concreto, si decido no hablar en público, cabe esperar que las posibilidades de ser puesto en evidencia sean menores que si decido hacerlo.

La sensación de control nos mantiene aferrados a la zona de confort. Fuera de ella advierto incertidumbre, no sé qué puede ocurrir, ni si voy a disponer de los recursos personales para enfrentarme a las situaciones que sobrevengan. Lo interesante de esto es que, en realidad, dentro de la zona de confort tampoco lo sé, pero permanecer en la zona de confort tiene un efecto anestesiante, que me hace pensar que puedo prever las consecuencias que tendrán mis acciones o la falta de ellas.

Los líderes, como motores de cambio, deben estar preparados para salir de la zona de confort y para guiar a otros para que salgan de ella también. Recomiendo al respecto el artículo de Innovation Excelence

¿Cómo combatir los efectos limitantes de estas creencias? A continuación van algunas sugerencias orientadas a reducir ese temor ante la incertidumbre que nos produce pensar en salir de la zona de confort:

1- Asume la idea de que ya nos estamos moviendo en la incertidumbre. Nada te garantiza que seas completamente dueño de tus recursos en las tareas que afrontas cada día ni que te vayan a permitir vivir con seguridad. Si todo cambia y tú te mantienes anclado a tu área de confort, estás condenándote a la incertidumbre en lugar de estar adaptándote a ella. Eres víctima del cambio y no un agente del mismo.

2- Fíjate metas a largo y a corto plazo. Las metas a largo plazo ayudan a definir el escenario en el que queremos acabar desenvolviéndonos, y en este sentido son muy motivadores, pero también contienen un alto grado de incertidumbre en tanto que la distancia que nos separa de ellos es muy grande y son muchos los hitos que debemos cumplir y la cantidad y variedad de tareas que deberemos acometer previamente. Las metas a corto plazo definen unos hitos que señalan un camino a recorrer.

3- Define las siguientes próximas acciones a realizar para lograr tus metas y pon tu energía y recursos en realizarlas, teniendo en cuenta qué posibles escenarios pueden llegar a darse como consecuencia de esas acciones.

4 – Pregúntate por el significado de lo que te irá ocurriendo. Salir de la zona de confort puede parecerse a saltar a la oscuridad. Una vez que hayas dado el primer paso empezarán a ocurrir cosas que no hayas podido prever (al fin y al cabo, la definición de diferentes escenarios la has hecho basándote en lo que conoces, no en lo que no conoces). Ante lo que venga te propongo que, antes de volver a la zona de confort, te preguntes por un segundo la siguiente pregunta “¿qué es esto que está pasando?” y “¿qué significado tiene para mí?” . Estas dos sencillas preguntas te permitirán dar forma a aquello que te encuentres en tu camino. Dice José Miguel Bolivar que lo que nos produce estrés es la incertidumbre. Tenemos que convertir la incertidumbre en claridad y la mejor manera de hacerlo es tratar de entenderlo. Estas preguntas que el propone como claves para seguir el método GTD, pueden ser de gran utilidad.

Estas cuatro sugerencias pueden ayudarte a convertir la incertidumbre en claridad en tu transcurso hacia los límites de tu zona de confort, lo cual termina supliendo el atractivo que tenía la zona de confort, que era precisamente que te proporcionaba esa sensación de control y comprensión de lo que ocurre. Lo que estarás haciendo en realidad, y eso es lo que, en definitiva, buscamos, no es salir de la zona de confort, sino ir ampliando tu zona de confort a medida que te adentras fuera de sus límites originales.

¿conoces alguna otra manera de salir de la zona de confort?

Coméntala.

 

 

Ignoro si son muchas o pocas las oportunidades las que a una persona se le conceden de aportar valor con lo que le ha sucedido en la vida. Yo tuve esa suerte el pasado 1 de Diciembre, con objeto de la celebración de las actividades conmemorativas del Día internacional de las Personas con discapacidad, que organizaba el Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

Fui invitado a impartir una conferencia sobre coaching como método para superar limitaciones. La charla, titulada «¿Y si pudiera?», fue una exposición del funcionamiento de algunas de las herramientas que se utilizan en coaching. Hablamos de:

… cómo adquirir la habilidad para relacionarnos con el mundo de manera que podamos aprovecharlo para mejorar nuestra calidad de vida.

… cómo desarticular creencias limitadoras para ampliar nuestro mapa y para diseñar un plan de acción que nos lleve hasta donde queremos llegar.

… Y sobre todo, hablamos de disfrutar del hecho de estar aquí y ahora, y de la importancia de aprender y de compartir lo aprendido.

Para mí, además, suponía recorrer retrospectivamente mi propia historia. Hace nueve años me pregunté cómo sería mi vida, si la enfermedad que me había dejado postrado en una cama no hubiera truncado el porvenir que yo imaginé que me estaba esperando. Hoy me doy cuenta de que son muchas las cosas que me habría perdido si esa enfermedad no hubiera aparecido. Por ejemplo, y sin ir más lejos, no habría tenido el honor de impartir la conferencia del día 1 de Diciembre y de conocer a las personas que asistieron.

A los que estuvieron allí, ya se lo dije sobre el escenario y, si leéis este post, os lo repito. Yo era el que hablaba, pero todos tenéis una historia que puede cambiar el modo de ver el mundo. Hay que hacerlo posible. Sigamos en contacto. 😉

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