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El objetivo principal del e-portfolio es fomentar la reflexión del estudiante sobre su propio aprendizaje. Este es el objetivo que subyace a todo el trabajo que el estudiante realiza con el eportfolio. Todo el proceso de configuración del mismo está pensado para que ese objetivo se cumpla.

Parte de este proceso implica definir con los estudiantes una serie de objetivos que son los que servirán de guía a este proceso. Esta parte, si bien la estamos tratando dentro de la serie e-portfolio, en realidad , se aleja de lo que en exclusiva implica trabajar un e-portfolio y se acerca más a las habilidades del coaching o la mentiría que el profesor debe poner en práctica para ayudar al estudiante, especialmente, si vamos a dejar que sea el estudiante el que defina la orientación que quiere dar al e-portfolio. Si lo estamos utilizando dentro de una asignatura que tiene ya unos objetivos definidos, esta parte debería tratarse de otra manera.

Si nuestro papel es el de mentor, dejaremos que el estudiante defina cómo quiere que sea su eportfolio.

En un post anterior habíamos realizado una práctica en la que toda la información acumulada en el content del eportofolio, la habíamos ordenado y estructurado por áreas de interés para el estudiante. A la hora de definir los objetivos del eportfolio, nos apoyaremos sobre esta misma estructura y pediremos al estudiante que trate de profundizar en qué proyección que gustaría que tuviera ese área de interés.

Las preguntas fundamentales con las que iniciar esta definición de objetivos pueden ser:

– ¿Qué quieres aprender en este área? o ¿Qué nivel de conocimiento te gustaría adquirir en este área?

– ¿Para qué quieres aprenderlo?

– ¿Cómo sabes que la información que estás consumiendo en este área es la más adecuada para alcanzar ese nivel de conocimiento que esperas?

Las respuestas a estas preguntas ya ayudarán a orientar el trabajo para lograr una definición de objetivos a corto y largo plazo.

Fijar objetivos a largo plazo. Tener una visión. 

A la hora de fijar objetivos a largo plazo ayuda mucho tener una visión acerca de cómo se verá uno en un plazo de 5 años en la primera de las áreas en las que el estudiante quiera trabajar. Intervenciones por parte del mentor-coach del estilo “imagina que ya han pasado 5 años y nos hemos encontrado en este mismo sitio. ¿qué ha ocurrido?” son de gran utilidad para animar al estudiante a tener clara su visión.

Tener la visión hará que vuelvas varias veces sobre las mismas preguntas fundamentales. En ocasiones (es lo más probable, en realidad), la respuesta que se dio al principio a cada una de ellas cambiará. Esto es normal. La mayor parte de las veces solemos responder a este tipo de cuestiones de forma automática, casi más pensando en lo que se espera que respondamos que porque es lo que pensamos realmente.  Ponerse en nuestra piel en un plazo más o menos largo, hará que tengamos que ordenar nuestras prioridades y nuestras respuestas.

Es posible también que descubramos que muchas de las áreas que habíamos considerado independientes, en el fondo estén muy relacionadas.

Para ayudar a describir la visión en coaching se aconseja preguntar por cómo huele, qué se siente, qué lleva vestido, con quién habla, qué ve…

Fijar objetivos a corto plazo. Objetivos SMART. 

Una vez que se han fijado los resultados que quiere el estudiante obtener en un largo plazo, pasaremos a definir en el corto plazo los resultados que irán construyendo ese futuro imaginado.

La clave de este apartado es:

– que los resultados que se obtengan tienen que ser pensados para acercar al estudiante a la visión definida. 

– que deben incluir criterios que permitan comprobar con absoluta certeza que el estudiante los ha alcanzado. 

En este sentido, utilizar el criterio SMART para fijar objetivos puede funcionar bien. Lo importante es que, al finalizar estas primeras fases del proceso, el estudiante pueda compartir con terceros el resultado de su trabajo con el eportfolio. Aquel contenido que haya subido al mismo debe servir como evidencia del aprendizaje alcanzado.  En coaching, al definir unos resultados, suele preguntarse “¿cómo vas a saber que los has alcanzado?”. Aquí sería más aconsejable decir “¿y cómo van a poder saber otros que lo has alcanzado?”.

Fijas las siguientes acciones. 

Tener los objetivos claros es importante. La mayor parte de las veces, no es suficiente para arrancar. A pesar de que nos parezcan claros y que hemos cumplido al pie de la letra con los criterios de un objetivo SMART, a la hora de ponernos manos a la obra, los objetivos siguen cargados en un 90% de los casos, de incertidumbre. Al no saber por dónde empezar, lo que uno suele hacer es no hacer nada.

Antes de salir de la sesión con el mentor, es necesario que nos aseguremos con el estudiante de que se marcha con una lista de siguientes acciones a realizar. Con acciones, me refiero a Acciones Físicas que puede realizar a partir de ese mismo momento. 

Acordar el momento del feedback

Llegar a un acuerdo con el estudiante acerca de los momentos en los que el profesor le proporcionará feedback es fundamental. La mayor parte de los eportfolios permiten que el estudiante elija si quiere compartir sus páginas con individuos concretos, con grupos o con todo el mundo.

Una opción que yo recomiendo es que comparta el e-portfolio desde el principio con el profesor, antes que con ninguna otra persona o colectivo. El feedback, en este caso, se producirá cada vez que el profesor vea que el estudiante a actualizado algún contenido e irá orientándole online en el momento.

La otra opción es que el estudiante no comparta el contenido hasta que no esté seguro y que pueda ver con el profesor en sesiones presenciales la evolución del e-portfolio. Esta ultima opción es perfectamente válida, siempre que no haga que el estudiante caiga en la tentación de llenar su eportfolio en el último momento con información no trabajada, sólo porque tiene la presión de citarse con el mentor. En este caso, este acuerdo será contraproducente.

 

¿Y tú? ¿de que modo trabajas tu eportfolio con tus estudiantes? ¿conoces otra manera de hacerlo?

Comparte tus ideas en los comentarios al post.

 

 

 

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Una de las aplicaciones beneficiosas del e-portfolio es la posibilidad de poner en marcha un Entorno Personal de Aprendizaje o PLE (Personal Learning Environment) . Una de las competencias básicas del siglo XXI es la capacidad para aprender a aprender, la capacidad para seguir aprendiendo a lo largo de la vida. Para que este aprendizaje sea fructífero es necesario que haya cierto grado de sistematización, una disciplina que, de alguna manera “formalice” un aprendizaje informal, no regulado por ninguna institución académica.

Los PLEs son, según lo explica muy bien Jordi Adell en el vídeo, un enfoque del aprendizaje que cuenta con unas, herramientas, unos contenidos, etc que se disponen en funcion  de unos objetivos de aprendizaje que el estudiante elige por sí mismo. Como bien dice Jordi Adell, crear un PLE exige cierta disciplina y método, ya que uno puede verse desbordado por la cantidad de información de las redes.

Este método puede aprovecharse para trabajar el e-portfolio, ya que tiene un componente social muy elevado. De hecho, uno de los objetivos de aprendizaje del e-portfolio es que sirva para entrenar a los estudiantes para que aprendan a generar y enriquecer ellos mismos su propio entorno personal de aprendizaje, su capacidad para trabajar en red y para ser autónomos.

La semana pasada habíamos hablado acerca de la estructura conceptual que tiene todo e-portfolio. Decíamos que podíamos distinguir una parte que llamamos cajón de sastre, en la que pedíamos a los estudiantes que almacenaran toda la información que llamara su atención, sin ningún filtro, otra en la que pedíamos al estudiante que reflexionara acerca de qué significaba esa información y que la ordenara ; y otra en la que les pedíamos que la compartieran.

Hoy vamos a ver una de las maneras en que se puede ayudar al estudiante a realizar los dos primeros pasos con vistas a ayudarles a diseñar su PLE. 

Como primera recomendación, sugeriría que , en un primer ejercicio, no utilizásemos el ordenador para nada. Puede hacerse, pero se trata de una sesión de creatividad y las manualidades suelen ser más efectivas, ya que tu pensamiento no está limitado por las posibilidades del software. Además, el software, como ya dijimos, puede ser de cualquier tipo. La elección del mismo debería venir después.

Material que se necesitará:

– Hojas de post-it 

Si es posible, del mismo color. El primero de los pasos va a consistir en recopilar todo aquello que llama la atención del estudiante, desde aquello que le gustaría hacer en los próximos cinco años o el próximo fin de semana, hasta las series que suele ver, juegos a los que juega y temas de los que le gusta hablar. En este apartado no queremos que realicen ningún tipo de clasificación. El uso de colores invita inconscientemente a clasificar la información.

– Una pizarra o una pared lisa en la que se pueda pintar y pegar los post-it.

Paso 1. Recopilación de todo lo que llama la atención.

Vamos a pedir a los estudiantes que escriban en cada uno de los post-it todo aquello que llama su atención, que les gusta o interesa, lecturas, series, deportes, fiestas, exposiciones, ambiciones personales….El objetivo es que los estudiantes sean lo más exhaustivos posible. No se trata solo de que escriban ideas. Deben escribirlo todo, hasta el detalle de la noticia que han leído, el comentario que leyeron en Facebook, etc…Pueden incluso recurrir a sus fuentes de información más frecuentes para consultar las ultimas publicaciones que han visto o que han publicado si eso les ayuda, y capturarlo para escribir en los post-its.

*Nota: Podemos pedir a los estudiantes que vayan recopilando información antes de asistir a la sesión, como aconseja Steven W Anderson. Tiene la ventaja de que la información que hayan recopilado les puede dar pie a hacer mejor esta primera parte del ejercicio. Tiene el inconveniente de que los estudiantes pueden no venir con ese trabajo hecho o, pero aún, que inconscientemente hayan llevado a cabo la segunda parte del proceso y hayan filtrado postitinformación.

Paso 2. Organizar la información 

Pedimos a los estudiantes que distribuyan delante de ellos, por separado, cada uno de los post it escritos y que los agrupen por afinidad que ellos consideren que guarda. Estas asociaciones deben ser libres y de momento no les pondremos nombres. Bastará con que los estudiantes agrupen los post it, los coloquen más o menos cerca unos de otros, etc. Si quieren pueden servirse de rotuladores que les ayuden a indicar la relación que tienen unos y otros entre sí.

Paso 3.  Clasificar y relacionar.

Pedimos a los estudiantes que utilicen los rotuladores para poner nombres a cada uno de los grupos de post-it que han juntado, de manera que se pueda entender que los grupos de post-it se encuentran enmarcados dentro de categorías concretas y más o menos fácilmente identificables.

Cada uno de los grupos que han resultado se correspondería con un área de la vida del estudiante que, por una razón u otra, reviste alguna importancia para él, o tiene presencia notoria en su vida, dado que se nutre de la información que proviene de ella.

Paso 4. Calibrar el peso de cada área y definir objetivos personales, profesionales y de aprendizaje.

A continuación viene el paso más complicado de todos, pero que aporta un valor incalculable a la dinámica. No olvidemos que el PLE es un enfoque de aprendizaje, una manera de orientar el aprendizaje en función de unos objetivos. Los pasos anteriores han servido para que el estudiante tome consciencia de sus fuentes de información y de lo que resulta importante o interesante para él. En la última parte, vamos a pedir a los estudiantes que definan sus objetivos de aprendizaje en cada una de esas áreas, y lo vamos a hacer con 3 preguntas fundamentales:

– ¿Qué quieres aprender en este área? o ¿Qué nivel de conocimiento te gustaría adquirir en este área?

– ¿Para qué quieres aprenderlo?

– ¿Cómo sabes que la información que estás consumiendo en este área es la más adecuada para alcanzar ese nivel de conocimiento que esperas?

El número de preguntas se puede aumentar, en la medida que sean necesario. Lo importante es que les ayuden a reflexionar acerca de la proyección que quieren dar al aprendizaje que les proporcionan estas fuentes de información. 

En estas sesiones, puede ocurrir de todo. El que espere conseguir en ellas que los estudiantes salgan con las ideas claras acerca de la dirección que quieren tomar en su vida académica y profesional, mejor que deseche la idea. Sin embargo, es una aproximación que saca a relucir interesantes reflexiones.

Algunas de las fuentes de información a las que acuden no tienen no tienen otro propósito que el de servir de mero entretenimiento, pero el hecho de plasmar visualmente todo aquello que consumen por entretenimiento o inercia,  o por interés profesional o académico, les hace tomar consciencia de en qué invierten su tiempo y para qué. No tiene nada de malo entretenerse, por supuesto, y de hecho (y estos son los casos más gratificantes), a veces coincide el entretenimiento con la proyección personal que quiere alcanzar el estudiante.

A partir de aquí, se puede empezar a trabajar con mayor profundidad, individualmente o en grupo, para que estudiante se fije objetivos a corto y largo plazo y vaya enriqueciendo su PLE con información que le resulte relevante. Se puede decidir qué  software de e-portfolio utilizar y ponerse de acuerdo respecto al trabajo que estudiante y profesor van a llevar a cabo juntos en este sentido. Poco a poco vamos dando forma a un trabajo a largo plazo.

Seguimos viéndolo en los próximos días. Si se te ocurre  conoces alguna manera de plantar esta primera fase de trabajo con un -eportfolio para ayudar al estudiante a diseñar su PLE, por favor, escribe tu comentario en el blog.

 

 

 

 

 

 

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Hace unos días, decíamos que el e-portfolio  presenta una estructura que facilita el proceso de reflexión que le da auténtico valor.  Decíamos también que eso no implica que se deba usar un e-portfolio y abandonar cualquier otro tipo de tecnología con la que uno ya esté familiarizado.  En la universidad, cuando se trataba con estudiantes el desarrollo de su eportfolio se sugiere que usen el que facilita la propia institución, montado sobre Mahara,  ya que servirá para pautar los siguientes pasos que le ayudarán a refinar su trabajo, aunque en principio, parezca más lento o menos intuitivo que las redes sociales a las que están acostumbrados.

En cualquier caso,  no importa siempre que se observen las siguientes fases, que a mí me gusta imaginar representadas por bandejas. El eportfolio está estructurado de tal manera que no te permite publicar nada hasta que no lo tienes todo listo.

Content:

Se trata de un cajón de sastre.  Sería la primera de las bandejas que podríamos llamar también bandeja de entrada, a la que irían a parar todo aquello que llama la atención del estudiante. Puede ser desde las fotos de una fiesta hasta el proyecto de fin de curso. En este apartado es conveniente no poner ningún límite y no ha que preocuparse. La información que se sube en esta sección es invisible, excepto para el administrador del e-portfolio. La mayoría de los eportfolios actuales permiten subir archivos de todos los formatos.  Se trata de que el estudiante concentre todo aquello que tiene que ver con su vida personal y profesional en un solo lugar. Creo que es conveniente dejar unos díez días como mínimo*

*Normalmente se propone que el estudiante piense, antes de ponerse manos a la  obra,  acerca de cual es el objetivo que quiere perseguir con el eportfolio para empezar a trabajar desde ahí. Yo creo que esta recomendación sesga la riqueza del trabajo final, ya que impone barreras artificiales a las posibilidades curriculares que puede desarrollar un estudiante, especialmente en una época en la que las fronteras entre el aprendizaje formal e informal tiene a desaparecer, y en la que las salidas profesionales pueden venir dadas por una determinada orientación de un entretenimiento personal.

E-portfolio:  

Se suele llamar e-portfolio a toda la plataforma en la cual se trabaja. En realidad, e-portfolio es sólo este apartado de toda la herramienta que utilizamos, también llamado “Páginas” o “Vistas“. En este apartado lo que haremos será procesar y organizar la información. En principio, este apartado también es invisible. Está conectado con la sección que hemos denominado Content, o Cajón de sastre, de manera  que se pueden subir los elementos desde aquella sección como si adjuntáramos un archivo a un correo electrónico. Aquí viene lo interesante, porque no tenemos por qué crear una sola vista, sino que podemos crear tantas vistas como queramos.

Por eso, desaconsejo seguir el proceso según el cual primero es necesario planificar como va a ser tu eportfolio. Después de haber trabajado en la parte de content, al seleccionar la información que vamos a añadir a nuestras vistas, podemos reflexionar acerca de qué aspectos de nuestra vida reclaman nuestra atención, cuáles son nuestros intereses y qué nos gustaría hacer con ellos ¿queremos que una parte de nuestro ocio se convierta en parte de nuestra vida profesional? ¿existe alguna relación entre el grupo de motores en el que trabajo, con la conferencia de marketing que se celebró la semana pasada?  Este es un paso fundamental, que puede ayudar mucho al estudiante a diseñar su propio Entorno Personal de Aprendizaje. 

Share:

Más que un apartado , es una opción de que disponen las herramientas  de e-portfolio.

Una vez que hemos procesado, organizado y, tal vez, desechado la información de la sección Content, podemos compartirlo con los grupos que nos interese que lo vean.

Yo sugeriría, si se está trabajando con un mentor, que las páginas creadas sean compartidas con el mentor únicamente, al menos en un primer momento, y que, a medida que el e-portfolio se va construyendo y adquiriendo un aspecto más profesional con la ayuda del feedback que proporciona este último, que se vayan haciendo visibles para terceros interesados.

Creo  que esta manera de trabajar el e-portfolio, independientemente de la herramienta que se utilice, ya sea específica para crear e-portfolios o alguna página profesional. La ventaja que tiene una herramienta específica es que te ayuda a seguir los pasos (y que uno no se haga trampas :-)) para que el trabajo visible sea resultado de un proceso meditado.

 

 

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Posiblemente, todos estemos de acuerdo en que ayudar a los estudiantes a alcanzar destrezas tecnológicas relacionadas con el uso de los ordenadores y la gestión de la información es una de las tareas fundamentales que debe perseguir cualquier institución educativa hoy en día, pero a lo mejor no tenemos todos claro en qué estamos poniéndonos de acuerdo.

Adquirir las destrezas en computacion y gestión de la información es una de las competencias instrumentales fundamentales mencionadas en el proyecto Tuning y que persiguen las instituciones alineadas con Boloña.

Muchas son las instituciones que se alinean con este propósito, pero está sujeto a a libre interpretación, la mayor parte de las veces de una interpretación que se apoya en una concepción (a veces inconsciente) de la educación propia de épocas pre-Boloña: que esa formación debe consistir en enseñar a usar  esas tecnologías, desde un punto de vista meramente operativo.

Conducida por esta línea, el mejor de los propósitos corre el riesgo de no lograr los resultados que se propone y de salir, además, bastante caro.

Por un lado, este planteamiento lleva implícita la idea de que sigue siendo el profesor el que está en el centro, y no el estudiante. Es el profesor el que enseña y no el estudiante el que aprende. No es sorprendente, en estos casos, que se den situaciones tan contradictorias como que, al mismo tiempo que pretendemos enseñar a usar herramientas 2.0 a los estudiantes, les prohibamos tener encendidos los teléfonos móviles. Así, no les estamos preparando para afrontar los retos de la sociedad del conocimiento. Estamos aislando el conocimiento de la sociedad, encerrándolo en un aula y circunscribiéndolo a un momento concreto.

Por otro lado, con frecuencia, esto lleva a las instituciones a adquirir tecnologías concretas para que los estudiantes las utilicen en el aula. En algunos casos, estos programas, o muy similares, podrían ser adquiridas fuera de la institución. En muchos casos son copias de tecnologías que se usan fuera de las instituciones y que éstas tratan de adaptar para hacerlas suyas y que los estudiantes las utilicen de una determinada manera. Como consecuencia de ello, las instituciones gastan enormes cantidades de dinero en adquirir tecnologías que no tienen capacidad para actualizar y quedan rápidamente desfasadas por otras que los estudiantes adquieren por cuenta propia. Lo que se les pueda enseñar respecto a las mismas, desde el punto de vista operativo, es un aprendizaje que no tendrá impacto en su realidad.

¿Cómo deberíamos entonces abordar el desarrollo de las competencias instrumentales que hemos mencionado? ¿En qué caso deberían adquirir las instituciones tecnologías para el aprendizaje?

La verdad es que dar una respuesta que pueda llevarse a la práctica e muy complejo para abordarlo aquí. Me gusta mucho una propuesta que Cristóbal Cobo hizo en una visita a la Universidad Europea: Que el estudiante sea el que trae la tecnología y el profesor el que pone el criterio; el profesor como director de cine y el estudiante como el actor que pone la plataforma.  Es decir, que el profesor sirva de guía en el buen uso de las tecnologías que el estudiante ya utiliza, que sea una figura que promueva la reflexión acerca de las potencialidades que tienen las herramientas que tiene en sus manos.

El papel de los profesores se va pareciendo cada vez más al de los filósofos presocráticos que al de los tradicionales maestros de escuela.

¿Y tú qué opinas? ¿Cómo podría llevarse a cabo esta transformación de las aulas? ¿Hay alguna práctica que te gustaría compartir? 

Abramos el debate en Linkedin.

 
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